Bermuda: playas de arena rosa y una ciudad perfecta que todo viajero necesita conocer

Muy poco se conoce sobre los tesoros que esconden estas tierras británicas. Tal vez, porque a través del tiempo fueron catalogadas como una zona peligrosa, por el famoso mito del Triángulo de las Bermudas. Son muchos los misterios que rodean los más de 1,1 millones de kilómetros cuadrados de océano que lo conforman entre los vértices de Puerto Rico, Florida y Bermuda.

Todo comenzó en 1951 cuando el periodista E. V. W. Jones escribió sobre barcos desaparecidos en el área de las Bahamas, a la que él mismo bautizó como “El Triángulo del Diablo”. A pesar de ser un argumento ideal para películas de catástrofes y grandes relatos de ficción, hay una realidad: según la información oficial del gobierno norteamericano, las cifras de accidentes son similares a las de cualquier otra zona de tráfico y condiciones climáticas alarmantes. Más de 10 millones de naves atravesaron este territorio en los últimos 100 años, y se contabilizaron 50 barcos y 20 aviones perdidos.

Entonces, ¿cómo derribamos este mito?  Estamos hablando de una zona de ciclones, donde las corrientes marinas son tan fuertes y profundas que la mayoría de los accidentes se producen por errores humanos o mecánicos. ¿Lo más curioso? Los isleños supieron transformar esta teoría en una gran atracción para los turistas: algunos de los barcos hundidos ¡aún se pueden observar haciendo buceo!

Dejando a un lado este famoso mito, cuando conozcas lo que realmente significa vacacionar allí, vas a necesitar planear tu escapada.

Las Islas Bermuda están ubicadas en el mar de los Sargazos, en el océano Atlántico Norte, a la altura de Carolina del Sur, Estados Unidos.

Se puede llegar allí en avión, pero por su aislamiento sólo 9 aerolíneas de Estados Unidos llegan con vuelos directos a Hamilton, la capital. Sin embargo, la forma más divertida de llegar –y aventurera- es en crucero.  Algunos salen desde Europa, otros de Miami. Pero en los que parten desde Manhattan, Nueva York,  el espectáculo empieza desde el primer minuto.

Atardecer Atlántico

Subirse al barco cerca del atardecer, para ver cómo se van alejando los gigantes rascacielos de Nueva York es único. Y despertarse al día siguiente en el medio del océano Atlántico, también. Son aproximadamente dos días y medio de navegación donde la expectativa por llegar a las Islas Bermuda está a flor de piel. Pero la espera se amortigua en el barco con la infinidad de actividades que estos ofrecen: ofertas gastronómicas de todo tipo, para todos los gustos, casino, bailes, juegos, parques acuáticos, teatro, y la lista sigue…

Puerto Bermuda

Después de la larga navegación, llegó el momento. El azul profundo del océano da paso a las aguas cristalinas del puerto de Somerset. Y cuando digo cristalinas, lo digo muy literal.

Puerto Somerset Bermuda

A partir de ese momento, empiezan dos días intensos para recorrer toda la Isla Bermuda. Y son más que suficientes: este archipiélago tiene apenas 54 kilómetros cuadrados. Aquí es cuando cada uno comienza el recorrido en el orden que más le guste, aunque sin dudas lo que más llama la atención de los turistas son las playas de arena rosa, causada por las cercanías de arrecifes de coral.

Los bermudeños están orgullosos de esta maravilla natural y tal es así que adoptaron el color rosa como su favorito. Y lo hacen notar cada vez que pueden: autobuses rosas, corbatas rosas y hasta las fachadas de las casas más típicas llevan este color.

Horseshoe Beach es la playa de arena rosa más cercana al puerto. Aunque el clima es impredecible, nada impide disfrutarla. Se pueden alquilar reposeras, sombrillas, y tiene unos pequeños bares de playa para poder degustar comida al paso: hamburguesas y fish and chips. Allí suelen acompañar el momento artistas que tocan calipso, el ritmo más popular de la isla.

Horsoeshoe Bay

Los aficionados de la aventura también pueden ir en busca de actividades acuáticas, que son interminables, desde jet ski y snorkel hasta flyboarding y parasailing.  Es que las paradisíacas playas con olas calmas hacen que el centro del ocio de Bermuda sean los deportes de agua.

Otra de las atracciones son las famosas cuevas de cristal. Un paseo breve, donde se puede bajar a más de 36 metros y conocer estas increíbles formaciones de estalactitas y estalagmitas.

Crystal Cave

Al otro día, el recorrido por la capital de Bermuda, llamada Hamilton, es imperdible. Allí, la esencia británica se nota desde el primer momento. La prolijidad inglesa se ve tanto en la vestimenta de los locales hasta en las construcciones. Casas de todos los colores hasta centros comerciales con vidrieras sofisticadas, marcas de primer nivel y las clásicas cabinas de teléfono londinenses.

Hamilton 2

Desde allí se puede tomar un ferry o un colectivo de línea hasta el norte, donde se encuentra St Georges, una de las principales islas del archipiélago. En cualquiera de los dos transportes, las rutas son increíbles. Algo para tener en cuenta: en Bermuda no se puede alquilar auto. Los locales usan motos scooters.  Estas se pueden alquilar, pero la red de colectivos está preparada para unir todos los puntos de la isla y es lo más recomendable. Aunque, para los que prefieran algo más privado, también es posible alquilar bicicleta. Eso sí: ¡la bici no te cubre ante una impredecible tormenta! Otra forma de trasladarse es en taxi: los choferes son súper amables y mientras conducen se convierten en perfectos guías turísticos.

Bermuda Cabinas inglesas

Al llegar, me recomiendan la playa Tobbaco Bay. Si bien no tiene arena rosa, es perfecta para meterse al agua y nadar hasta el cansancio: no hay olas, y desde la superficie se puede observar hasta el fondo del mar. ¡No hace falta ni snorkel!

Tobacco Bay

Con un parador con mucha música, es ideal para relajarse y pasar la tarde. Los amantes del mar sabrán apreciarlo. Y los que no lo son, me incluyo, se quedarán fascinados. Allí, me topo con un isleño recostado en su canoa, mirando al sol, relajado. Y nos dice que Bermuda es su lugar en el mundo, que nunca se iría porque es perfecto.

Tobacco Bay 2

Claro que hay mucho más por hacer en estas islas, todo depende de la temporada en que se las visite. Además, no hay que olvidarse que es uno de los países más caros para vivir, y eso se nota en el precio de todo. Una botellita de agua… ¡cuatro dólares! Por eso, si la idea no es gastar mucho, suficiente con visitar el paraíso de sus playas y la capital: una versión caribeña de Londres.

Catedral Hamilton

Hamilton

Después de la recorrida, hay que volver al barco y seguir disfrutando esta especie de ciudad en medio del océano, para así volver a la ciudad que nunca duerme, Nueva York.

Así se termina la visita a un destino exótico, menos explorado que otros, pero extremadamente perfecto. Y puedo decir: ¡sobreviví al Triángulo de las Bermudas!.


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