Estudiar inglés en Londres: cómo es vivir en la ciudad más grande del Reino Unido

Dicen que más de 600.000 de viajeros eligen Londres como principal destino para perfeccionar su inglés. Es que, ¿qué mejor que la cuna de la lengua inglesa para aprender este idioma? Y hay opciones para todos los gustos, y para todas las edades. Desde los más principiantes hasta los más avanzados son bienvenidos a esta ciudad para poner el inglés en práctica.

Si bien a los 14 años viajé por primera vez al Reino Unido -e hice un curso de dos semanas-, fue a los 18 cuando decidí experimentar la ciudad por un buen tiempo con el objetivo de estudiar.

Existen muchas empresas que se dedican a hacer de nexo entre uno y la escuela. Lo principal es elegir la duración del curso y el tipo de alojamiento. Generalmente el tiempo mínimo es de una semana, y el máximo un año. En mi caso, elegí hacerlo durante un mes.

Y ahora, un tema clave: el hospedaje. Suelen haber tres opciones en este tipo de viajes: casa de familia, residencia estudiantil o departamentos privados. La más económica es la primera, pero -desde mi experiencia- la que más vale la pena. Nada mejor que alojarse en una típica casa londinense y practicar en primera persona las costumbres de los locales. En cambio, otras personas prefieren la residencia, algo con una onda más parecida a un hostel y otras priorizan la privacidad y optan por un departamento.

En ambos viajes me hospedé en casa de familia: típicas casas inglesas, donde los anfitriones son la clásica familia compuesta por el matrimonio y sus hijos. ¿Lo bueno de esta experiencia? Todo. O casi:

– Al estar en una casa local, sí o sí tenés que hablar en inglés, todo el tiempo. Durante el desayuno, la cena, y cualquier momento que sea necesario charlar con los anfitriones. De esta manera, no sólo practicás el idioma en el curso, sino también en la casa.

Conocés cómo viven: sus costumbres de horarios, de comidas. Nos esperaban para cenar a las 19:00. Puntualidad inglesa, claro. Nos cocinaban y era el momento donde aprovechábamos para charlar sobre lo que hicimos durante el día, cómo nos iba en el curso y pedir consejos para conocer la ciudad. Al terminar la cena, teníamos que levantar la mesa, colocar todo en el lavavajillas y preparar la mesa nuevamente para el desayuno del día siguiente. Sí: dejábamos las tazas en la mesa, con los platos, cereales. Entonces, al otro día lo único que teníamos que hacer era prepararnos la infusión y las tostadas. Costumbre local.

Hacés sociales: cuando hablo en plural lo hago no sólo porque viajé con mi mejor amiga, sino también porque había más personas alojadas en la casa. Una chica muy joven de Japón, que apenas conocía alguna que otra palabra en inglés, y un hombre mayor de Francia.

Lo único “malo”, tal vez, de este tipo de alojamiento es que debés obedecer los horarios que los anfitriones manejan. Pero no era un problema. Si algún día planeábamos cenar fuera de casa, bastaba con avisarle con tiempo para que no nos esperen. Tampoco nos hacían problema si llegábamos a la madrugada, teníamos nuestro propio juego de llaves y nos manejábamos como queríamos.

La experiencia fue muy buena. La familia era muchísimo más amable de lo que esperábamos. Siempre dispuestos a ayudarnos ante cualquier situación que surja. Y tuvimos todas las comodidades: calefacción, internet, baño semi-privado (lo compartíamos con la chica de Japón), lavarropas. ¡Mejor imposible!

Eso sí, como en Argentina no acostumbramos a cenar tan temprano, a las diez de la noche ya teníamos ganas de comer de vuelta. Por eso, un día pasábamos por el supermercado y comprábamos todo el stock necesario para llenar el cajón de la mesita de luz 😛

Por otro lado, está la experiencia del curso de inglés, que también superó nuestras expectativas. Cursábamos de 9 a 13 horas de lunes a viernes en el colegio Frances King. El primer día, nos tomaron una evaluación oral para saber en qué nivel deberían ubicarnos. Para nuestra sorpresa, ¡quedamos en el más alto! En la clase éramos unos quince alumnos, todos de distintos países.

Las clases eran divertidas y descontracturadas. Los profesores sabían cómo hacernos practicar el idioma sin ser aburridos. Por eso charlábamos de todos los temas que surgían. Una vez tuvimos examen sorpresa. Pero no fue grave. Teníamos también un recreo a media mañana que lo aprovechábamos para conocer la escuela (tenía cafetería, sala de computadoras, y varios espacios comunes) o también para salir a comprar algo de comer.

Lo bueno también es que el instituto le dedicaba un gran espacio a las actividades sociales. Bastaba con acercarse a la cartelera “social” y ver qué programa tenían planeado para el día. También los de todo el mes: había desde caminatas temáticas, visitas a museos hasta recorrida de bares y fiestas en boliches. ¡Para todos los gustos!

Ejemplo de Activity Programme
Ejemplo de Activity Programme

Y las actividades eran optativas: vos a partir de las 13 horas sos libre de recorrer Londres como quieras. Por tu cuenta, o sumándote a los programas que organizaba el Frances King.

En nuestro caso, la mayoría de los días preferíamos conocer Londres por nuestra cuenta. Alguna que otra vez nos sumamos a las actividades del colegio. Pero también aprovechamos la escuela para sacar folletería de excursiones fuera de la ciudad y pedimos consejos. Porque el colegio no es sólo para aprender inglés sino también para consultar qué hacer en las tierras británicas.

Los fines de semana, elegíamos tomarnos un tren y visitar otros países que están a dos horas, como Bélgica y Francia. También estuvimos fines de semana en Londres, para aprovechar el domingo y ver el cambio de guardia en el Buckingham Palace. O simplemente para tomar una cerveza en Notting Hill, recorrer un estadio de fútbol inglés, o dar un paseo por Westminster y observar una vez más el imponente Big Ben.

Al final del curso, nos dieron un diploma y nos despidieron con una mesa llena de snacks y bebidas.

Y así llegaba a su fin una experiencia que superó muchísimo nuestras expectativas. Paseos, excursiones, conocer gente de distintas culturas, perfeccionar un idioma (o aprenderlo), practicar costumbres locales… ¡Todo en un mismo viaje!

Dato: la empresa con la que viajamos se llama Lenguas Educational


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