Estonia y una ciudad medieval para viajar en el tiempo

“¿Estonia? ¿Y eso dónde queda? ¿Por qué vas allá?”, era una de las respuestas que más me daban cuando contaba que estaba por visitar el país báltico. Si bien lo incluimos en el itinerario de viaje por una razón en particular (un recital), sabía que este país tiene motivos de sobra para visitarlo.

Su capital es Tallin, la ciudad más poblada del país ubicada a orillas del golfo de Finlandia, a 80 kilómetros de Helsinki. Para llegar, volamos con AirBaltic desde Londres. En total son unas 3 horas de vuelo, pero nosotros decidimos hacer una escala en Riga, capital de Letonia, para conocer otra capital báltica. Muchos viajeros llegan por barco desde Suecia, Rusia o Finlandia.

Si bien llegamos a la medianoche, el simple hecho de salir del aeropuerto de Tallin es suficiente para darse cuenta que es una ciudad distinta y muy particular. En el trayecto hacia el hotel, de apenas 4 kilómetros, pasamos por calles grandes, muy modernas, llenas de publicidades y luces. Pero en un momento se siente como si entraras a una aldea medieval y la modernidad desaparece de un momento a otro: se trata del centro histórico de Tallin, en estonio Vanalinn, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1997. Acá, se conservan casas y almacenes muy antiguos, entre calles angostas de adoquines que desembocan en la Plaza del Ayuntamiento.

Los comercios son antiguos de verdad: se destaca una farmacia que ¡funciona desde 1422! Su fachada es del siglo XVII y dicen que es la más antigua del mundo. Todos los turistas curiosos no se privan de entrar y observar en sus vitrinas frascos y elementos de aquella época.

 

Entre tanta construcción medieval, hay una que llama la atención por ser distinta a todas: la Catedral de Alexander Nevski, con su notable arquitectura rusa.

Catedral de Alexander Nevski
Catedral de Alexander Nevski

Es que Estonia estuvo bajo el mando de la Unión Soviética muchos años (de hecho era su principal base naval) y, si bien esta iglesia recuerda a los estonios sobre su oscuro pasado dominados por el Imperio Ruso, decidieron no demolerla y conservarla como parte de su historia. Por dentro es muy, muy linda. Mucho dorado, muchos detalles. ¡Lástima que no se puede fotografiar! Y dicen que si te pescan con la cámara… ¡viene un ruso gigante y te obliga a que borres las fotos adelante de él! (Eso nos dijo un guía local… No nos arriesgamos a comprobar si era verdad :p)

Tallin tiene uno de los mejores sistemas defensivos del norte de Europa, por eso se destacan sus enormes murallas y torres altísimas con tejado rojo. ¡Y por algo dicen que su casco histórico es uno de los mejores de todo el continente!

Caminar por las murallas y observar las vistas panorámicas que nos ofrecen es imperdible. Pero es importante saber que cada rincón tiene su historia: por eso, es recomendable hacer un walking tour gratuito guiado por los locales. Nadie mejor que ellos para que nos transmita su cultura y conocimiento.

Los tours gratuitos salen todos los días desde la Plaza del Ayuntamiento que, sin dudas, es el punto principal de la ciudad. Es que no importa por dónde camines, siempre vas a terminar acá. Está rodeada por una gran construcción estilo gótico y por restaurantes típicos. Siempre hay movimiento, incluso de noche, muy tarde. Cuando pensás que vas a encontrar la plaza vacía, hay shows, gente tomando cerveza o simplemente caminando.

Y es que caminar Tallin de noche sí que vale la pena. La decoración de las calles, repletas de adornos, pequeñas lucecitas, y algún músico callejero, genera una calidez y una tranquilidad…

¡Ni hablar que la mayoría de las calles son peatonales! Esa tranquilidad jamás va a ser interrumpida por el ruido de un motor, y mucho menos de una bocina.

 

Si bien muchos viajeros recorren esta capital báltica en un día, porque es posible conocerla por completa en algunas horas, Tallin merece dos o tres. Hacer un tour guiado, recorrer sin rumbo para perderse entre sus callecitas, entrar a cada local, probar sus comidas típicas y subir a los miradores para disfrutar las vistas, son experiencias que suenan “comunes” en cualquier parte del mundo, ¡pero Estonia tiene todo para transformarlas en ÚNICAS!


3 respuestas a “Estonia y una ciudad medieval para viajar en el tiempo

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